Fui a hablar con mi amigo prudente; y en su lugar encontré a un extraño; con mucha sed en su oído; y su razón nublada; que parecía sabio en su silencio; pero solo era un necio cuándo hablaba. Le puse conversación, pese a su mirada extraña; pensando que era mi amigo, hasta le mostré mi alma; solo bastó que hablara, para abrirme los ojos y darme cuenta que si existen amigos, solamente hay unos pocos.